Diferencias en objetivos
La diferencia más fundamental entre ambas especialidades radica en su objetivo. El psicólogo clínico tiene como objetivo el diagnóstico y tratamiento de trastornos mentales, buscando el bienestar del paciente. El psicólogo forense tiene como objetivo proporcionar información técnica al tribunal para facilitar la toma de decisiones judiciales.
Mientras el psicólogo clínico trabaja para y con el paciente, el psicólogo forense trabaja para el sistema judicial. Su «cliente» no es la persona que evalúa, sino el tribunal o la parte que solicita el informe pericial. Esta diferencia de objetivo condiciona toda la relación profesional.
Relación con la persona evaluada
En psicología clínica, la relación terapéutica se basa en la alianza terapéutica: confianza, empatía y colaboración. El paciente acude voluntariamente buscando ayuda y el psicólogo trabaja a su favor.
En psicología forense, la relación es evaluativa, no terapéutica. La persona evaluada puede acudir de forma voluntaria (peritaje de parte) o por mandato judicial (peritaje de oficio). El psicólogo forense debe mantener la imparcialidad y la objetividad, lo que implica una distancia profesional mayor.
Esta diferencia también afecta a la confidencialidad: mientras en clínica la información es confidencial (salvo excepciones legales), en el ámbito forense la información recogida se plasma en un informe pericial que será conocido por el tribunal, los abogados y las partes.
¿Necesitas asesoramiento profesional?
Consulta sin compromiso. Analizamos tu situación y te orientamos sobre el mejor enfoque.
Consultar sin compromisoDiferencias metodológicas
La evaluación clínica utiliza pruebas y entrevistas orientadas al diagnóstico y la planificación del tratamiento. La evaluación forense utiliza instrumentos específicos diseñados para responder a cuestiones jurídicas concretas y, crucialmente, incluye protocolos de detección de simulación y disimulación.
En el contexto forense, la persona evaluada puede tener motivación para presentarse de forma más favorable o desfavorable (dependiendo de lo que le convenga en el proceso judicial). Por ello, las evaluaciones forenses incluyen escalas de validez, pruebas de esfuerzo y técnicas de detección de engaño que no son habituales en la práctica clínica.
Otra diferencia metodológica importante es la integración de múltiples fuentes de información. Mientras en clínica la fuente principal es el propio paciente, en forense se contrasta la información con documentación judicial, informes médicos, testimonios de terceros y cualquier otra fuente relevante.
Incompatibilidad de roles
Un principio ético fundamental en psicología forense es la incompatibilidad de los roles de terapeuta y perito. El psicólogo que ha tratado a una persona como paciente no debe actuar como perito en un procedimiento judicial que le afecte, y viceversa.
Esta incompatibilidad se debe a que la relación terapéutica compromete la imparcialidad necesaria para la evaluación forense. El terapeuta ha desarrollado una alianza con el paciente, tiene acceso a información confidencial proporcionada en un contexto de confianza, y su perspectiva está inevitablemente influida por el rol de cuidador.
Si un paciente necesita un informe pericial, debe ser derivado a un psicólogo forense diferente de su terapeuta. El terapeuta puede proporcionar un informe clínico (que describe el tratamiento y la evolución), pero no un informe pericial (que evalúa cuestiones jurídicas).
Pedro Vicente Mateo Fernández
Psicólogo Forense · Colegiado M-32159
Psicólogo forense colegiado por el COP Madrid. Doctorando en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor universitario en UEM y UAX. Perito de oficio inscrito en las listas del COP Madrid.